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Dada la naturaleza tan heterogénea del conjunto de factores que se dan en la actividad laboral, la sofrología resulta particularmente útil a la persona que los sufre.
La tensión ante la reunión con negociaciones importantes pero difíciles, la presión por los apuros en los plazos, la desaprobación de los superiores por un trabajo que ha salido mal, la amenaza de reducción/supresión del puesto, el pánico bloqueante a hablar en público, la descalificación inesperada de algunos compañeros, la pérdida de respeto de los subordinados, la necesidad de atender a un público-cliente poco dispuesto a entender tus limitaciones, una bronca injusta (o justa), un viaje de varios días en un mal momento, los compañeros cercanos que amenazan tu puesto, etc. .
Son todos ejemplos que, bien por frecuentes o por trascendentes, van haciendo mella en nuestro ánimo y acaban poniendo nuestra actitud en la defensiva permanente, iniciándose una espiral de recelos mutuos entre la persona y la empresa para la que se trabaja, al tiempo que puede degradarse incluso nuestra vida afectiva.

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